28/10/12

Tomando plaza en el pueblo

He ido a la escuela.
La calle estaba desierta, pero me he sentido observada. Me miraban a hurtadillas.

Me alojaré en la casa de Margarita. Ella ha sido muy amable conmigo.

Anoche, cuando llegué, me recibió con un cálido abrazo.
Me ha despertado sutilmente, dejando entrar los primeros rayos de luz del amanecer, a través de la ventana del pasillo.
Un café colado con abundante leche y unas magdalenas de factoría casera, han sido el refrigerio que mis carnes han agradecido. Mientras tomaba el desayuno, ella hablaba sin parar, queriendo congraciarse conmigo.
Se ha ofrecido para hacerse cargo de mis necesidades domésticas, e incluso para mantener limpia la escuela.
No he osado negarme. No quería ofenderla. Parece que el maestro que ocupó la plaza anteriormente hacía uso de sus servicios. Negarme, hubiera sido un desprecio.
No estoy acostumbrada a tanto cuidado, pero haré lo posible para dejarla hacer.

Cuando he abierto la puerta de la escuela he sentido una emoción especial.

Era mi sueño poder hacer esta tarea.

He vivido un tiempo acompañando a mi tía Felisa, pero he deseado tomar las riendas de mi vida.
Con ella he conocido otras culturas y formas de vida.
Hemos viajado y eso ha abierto las miras de mi pensamiento.

Este pueblo parece retraerse en el tiempo.

Ya me advirtieron que me encontraría con pueblerinos de mente estrecha.
Espero adaptarme y ser aceptada.

Intentaré ganarme su aprecio.

Llegué con el tren a la ciudad. Allí me esperaban. Don Ignacio Cifuentes con su chofer.
Ellos se hicieron cargo de mis baúles y me recibieron con solemnidad.

He sentido que los pies me flaqueaban. Detrás de ese porte severo, he visto al hombre.


No hay comentarios:

Publicar un comentario